Así me siento cada vez que mi mente vuelve a los escenarios compartidos con aquel diabólico maestro que pasó por mi vida hace unos pocos años.
Ni me arrepiento ni aparece la culpa cuando a solas en mi cama esos recuerdos encienden mi cuerpo y mis manos fingen ser las suyas, recorriéndome con descaro hasta terminar desnuda y empapada, anhelando sus mordiscos, soñando con retorcerme de nuevo entre sus brazos mientras lleno su boca con mis gemidos.
Aprendí a ser descarada, a reclamar travesuras, a mostrar y ofrecerle sin pudor cada rincón de mi cuerpo, presumiendo orgullosa de hacerlo.
Jamás olvidaré esa indecente y sincera complicidad, y aunque cada noche sueñe con tenerle de nuevo entre mis piernas. Nunca le he culpado ni le culparé por haber seguido su camino.
Será muy difícil que alguien vuelva a hacerme vibrar con la maravillosa y adictiva maestría con la que él lo hacía. Pero nunca se sabe qué sorpresa nos espera en la próxima esquina. Quizás ahora sea mi turno y sea el momento de tomar las riendas para ser yo quien guíe a alguien.
Sea como sea, gracias de corazón, viejo lobo canoso. Nunca dejaré de disfrutar de esa criatura que tú volviste con dulzura y delicadeza una salvaje atrevida desvergonzada.
MICHEL GARCÍA
LEGNA LOBO NEGRO
derechos reservados

No hay comentarios:
Publicar un comentario