jueves, 19 de marzo de 2026

SINCERA COMPLICIDAD.

Salvaje, atrevida y desvergonzada.

Así me siento cada vez que mi mente vuelve a los escenarios compartidos con aquel diabólico maestro que pasó por mi vida hace unos pocos años.

Ni me arrepiento ni aparece la culpa cuando a solas en mi cama esos recuerdos encienden mi cuerpo y mis manos fingen ser las suyas, recorriéndome con descaro hasta terminar desnuda y empapada, anhelando sus mordiscos, soñando con retorcerme de nuevo entre sus brazos mientras lleno su boca con mis gemidos.

Aprendí a ser descarada, a reclamar travesuras, a mostrar y ofrecerle sin pudor cada rincón de mi cuerpo, presumiendo orgullosa de hacerlo.

Jamás olvidaré esa indecente y sincera complicidad, y aunque cada noche sueñe con tenerle de nuevo entre mis piernas. Nunca le he culpado ni le culparé por haber seguido su camino.

Será muy difícil que alguien vuelva a hacerme vibrar con la maravillosa y adictiva maestría con la que él lo hacía. Pero nunca se sabe qué sorpresa nos espera en la próxima esquina. Quizás ahora sea mi turno y sea el momento de tomar las riendas para ser yo quien guíe a alguien.

Sea como sea, gracias de corazón, viejo lobo canoso. Nunca dejaré de disfrutar de esa criatura que tú volviste con dulzura y delicadeza una salvaje atrevida desvergonzada.

MICHEL GARCÍA
LEGNA LOBO NEGRO

derechos reservados
 

lunes, 2 de febrero de 2026

SIN SABER CÓMO...

Muchos meses viviendo en automático, demasiados, tantos como para llegar a convencerse de haberse secado por dentro, sintiéndose una mujer fría para quien el sexo eran recuerdos tan extraños como si fueran los recuerdos de otra vida, de otra persona.
Y de pronto, sin saber cómo, un demonio la había mirado a los ojos de una forma tan intensa y especial que todo en ella se volvió temblores y nervios.
Y cuando la besó suavemente, ni una sola de sus células pudo mantenerse en equilibrio.
Volvía a ser mujer, volvía a tener la respiración acelerada. Era de nuevo un cuerpo ardiente que reclamaba caricias. No podía dejar de pensar en aquellas manos que la recorrían bordeando lo límites de su pantalón mientras su boca mordía atrevidamente su cuello.
Asi apareció de la nada aquel maravilloso ser. Una traviesa criatura, un oso que la abrazaba con fuerza, un lobo capaz de comerla con destreza, un dragón que la encendía sin posible rendición, un experto diablo con maestría para pervertirla y un angel tentador que sabia hacerla tocar el cielo con las manos entre jadeos y susurros.

MICHEL GARCÍA
LEGNA LOBO NEGRO

derechos reservados