Pero había uno en particular que le hacía agudizar los sentidos para no perder detalle.
El lugar donde se encontraba Marta, contable de dirección desde hace un año. Una rubia escultural de veinticinco añitos.
La admiraba en secreto, y aunque ella era amable y agradable con todos, se sentía raro mirándola. A sus cincuenta años, divorciado, canoso, cómo podía ponerse tan nervioso con una criatura a la que le doblaba la edad y que probablemente lo viese como un viejo.
Pero era incapaz de no quedarse embobado observándola. Y no era el único. Todos la miraban, incluso alguna vez se había fijado qué la chica de recepción le dedicaba miradas muy intensas.
También sabía que los "gallitos" de la oficina habían intentado invitarla, y ella siempre los rechazaba con una cordial sonrisa.
Y así, con sus líos mentales, terminó otro día de trabajo.
Ahora a casa, con su parada casi ritual en el pub bajo su casa. Una cerveza fría y un poco de música antes de subir a preparar la cena.
- ¡Vaya, qué bueno! Llevo semanas pasando por delante de camino a casa. Si llego a saber que estás, entro antes.
La cara de Raúl se volvió una mezcla de susto y asombro, y más aún cuando Marta le planta un largo y cálido beso en la cara mientras le acaricia la espalda.
- ¡Marta, vaya sorpresa! No tenía ni idea de que vivías por aquí.
- Si, en la calle de atrás, me mudé hace unos meses. No sabía que éramos vecinos. Una coincidencia maravillosa.
- Una cerveza para celebrarlo, ¿no?
- Por supuesto. Las cosas buenas siempre hay que celebrarlas.
Raúl pidió dos cervezas mirando cómo ella se quitaba la cazadora vaquera y se sentaba en un taburete dejando a la vista sus maravillosas piernas. Se sonrojó al darse cuenta de que ella lo estaba mirando con una maliciosa sonrisa y más todavía cuando ella acercó su cuerpo con la cerveza en la mano para brindar y pudo ver de cerca el brillo de aquellos ojos que tanto le atraían desde la distancia.
- ¡Ummm! Además de interesante madurito, tímido. ¡Me encanta!
- No me puedo creer estar aquí contigo.
- Pues brindo por el encuentro.
Sin dejar de mirarse compartieron risas, tragos y conversaciones banales. Raúl quería alargar aquel momento y a la vez hacía esfuerzos por no saltar sobre aquella diosa que reía a su lado y que cada vez se acercaba más. Hasta que Marta, mordiéndose el labio, se pega a él acariciando su nuca.
- ¿Vas a dejar de hablar y besarme de una vez, o tendré que hacerlo yo?
Se fundieron en un intenso beso. Su juntaron apretando sus cuerpos sin importar quién robó el beso a quién. Sus lenguas se buscaron y Raúl pensó que era un sueño. Pero si lo era, deseo no despertar jamás. Acarició su espalda con la punta de los dedos y sintió cómo aquel adorable cuerpo se estremecía mientras apretaba su vientre contra su abultado pantalón.
- Llevo meses deseando esto, obligándome a no lanzarme sobre esa perfecta y deseable barba canosa, así que hoy te tendré enterito para mí. ¿Me llevas a tu casa o te arrastro a mi cama?
MICHEL GARCÍA
LEGNA LOBO NEGRO
derechos reservados










