Muchos meses viviendo en automático, demasiados, tantos como para llegar a convencerse de haberse secado por dentro, sintiéndose una mujer fría para quien el sexo eran recuerdos tan extraños como si fueran los recuerdos de otra vida, de otra persona.
Y de pronto, sin saber cómo, un demonio la había mirado a los ojos de una forma tan intensa y especial que todo en ella se volvió temblores y nervios.
Y cuando la besó suavemente, ni una sola de sus células pudo mantenerse en equilibrio.
Volvía a ser mujer, volvía a tener la respiración acelerada. Era de nuevo un cuerpo ardiente que reclamaba caricias. No podía dejar de pensar en aquellas manos que la recorrían bordeando lo límites de su pantalón mientras su boca mordía atrevidamente su cuello.
Asi apareció de la nada aquel maravilloso ser. Una traviesa criatura, un oso que la abrazaba con fuerza, un lobo capaz de comerla con destreza, un dragón que la encendía sin posible rendición, un experto diablo con maestría para pervertirla y un angel tentador que sabia hacerla tocar el cielo con las manos entre jadeos y susurros.
MICHEL GARCÍA
LEGNA LOBO NEGRO
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